Les presento el calendario de competencias que tendrá nuestro equipo este año, y esperamos cumplir las espectativas que nos planteamos.
Exito y a entrenar con disciplina.
Frutiloopis.
provisión, artículos de higiene personal, y lo más importante, ganas y voluntad.
pasar por el D.F. debido al programa “Hoy no circula”. Hicimos unas 3 hrs más de camino por el rodeo. Como a las 1230 hrs llegó el primer contacto visual con los volcanes Popo e Izta, con lo que nuestros ánimos se renovaron y el cansancio se olvidó. Nuevamente la plática se hizo amena. Pasamos por la Cd. de Puebla y como a las 1430 hrs tuvimos a la vista por primera vez al Ciltlaltépetl, imponente y majestu
oso. En esos momentos parte del equipo del D.F. se encontraba ya en Tlalchichuca esperándonos, eran mi cuñado Manlio y su sobrina Yuri. Llegamos a Tlalchichuca a las 1630 hrs, e inmediatamente comenzamos a pasar el equipo de nuestra camioneta al camión que nos llevaría al albergue de Piedra Grande, ubicado a 4250 MSNM. El Sr. Joaquín Canchola hizo su aparición apuradamente ya que estaba a punto de obscurecer y no quería que se nos hiciera muy tarde en el camino. El Sr. Canchola es el típico personaje de pueblo al que todos conocen por ser bonachón, humano y noble. Sin duda alguna uno de los protagonistas de la vida del lugar e ícono del mismo. Ya en camino, y cuando la noche había caído de lleno sobre nosotros, tuvimos que hacer una parada imprevist
a pues un camión torton se encontraba bloqueando el camino, por una descompostura. Fue necesario esperar unas 2 hrs para poder pasar, gracias a algunas maniobras del Sr. Canchola con su camión y a ½ cerro que los jóvenes tripulantes del torton quitaron con la ayuda de palas. El frío se sentía de lleno en el lugar, y aún nos encontrábamos a 3200 MSNM. Después de 1:30 hrs de camino finalmente llegamos al refugio, un lugar desolado y silencioso, pero muy bello. A la distancia y por debajo de nosotros se podía apreciar la iluminación de la ciudad de Jalapa, así como de varios pueblos circunvecinos de la zona. Sobre nosotros, solo se veían estrellas, miles de ellas. Todo en silencio excepto por el fuerte sonido del viento en el lugar. El Sr. Canchola se metió al refugio y al cabo de un momento salió para decirnos que en el interior había lugar para nosotros, pero que era necesario hacer el menor ruido posible pues dentro se encontraban algunos alpinistas que realizarían el ascenso al día siguiente muy temprano en la madrugada. Así que mientras algunos de nosotros metían las provisiones y parte del equipo al refugio, otros instalábamos dos tiendas de campaña, una para guardar el resto del equipo y otra para mi, para estar al pendiente de lo que se quedaría afuera. Así pues, y después de 28 hrs de salir de Meoqui, estábamos instalados en el Pico de Orizaba, y listos para dormir, a las 2300 hrs.
ue estaba solo en el refugio. Al salir me topé con 2 norteamericanos que esperaban a otros compañeros que aún no bajaban del volcán. Después de un rato aparecieron las figuras del Güero Pacheco y de Yuri, bajando la montaña. Cuando llegaron al refugio me pusieron al tanto del ascenso de aclimatación que realizaron, y me comentaron que la otra parte del grupo había ascendido un poco más tratando de llegar a la nieve. Ingresamos al refugio para poner al fuego agua y tomarnos un café, además de preparar la comida. Como a las 1430 hrs pudimos ver a los otros cuatro aventureros bajando por la montaña: Paty, Manlio, Fernando y Enrique. Al llegar nos comentaron que lograron tocar nieve, o m
ejor dicho hielo, el cual estaba muy “duro” (cristalizado), por lo que pensaban que el ascenso del día siguiente se tornaría difícil. Entraron al refugio y después de descansar un poco, Paty y Fernando comenza
ron a preparar la comida. El menú se formó por un caldo de verduras con arroz, pechugas de pollo a la parrilla, y tortas de papa. La verdad que les quedó riquísimo, tanto, que los alpinistas norteamericanos no pudieron resistirse al suculento manjar. Después de calmar el hambre, llegó el grupo de Morelos que faltaba: Juan, su hija y el novio de ella, el hermano de Manlio, Victor y su novia. De inmediato se dispusieron a comer mientras nos presentábamos. Un poco más tarde llegaría Rubén García, nuestro guía. Alrededor de la 1800 hrs Rubén nos pidió que tomáramos nuestro piolet y que saliéramos a la montaña donde nos dio un breve curso de cómo caminar en zigzag sobre el hielo, así como la manera en que de
beríamos reaccionar en caso de presentarse una caída también en el hielo. La noche cayó de lleno mientras hacíamos esta práctica, y el regreso al refugio fue con la ayuda de nuestras lámparas frontales. Al llegar al refugio el reloj marcaba las 2000 hrs, y solo llegamos a preparar algo para la cena y nos acomodamos a dormir, el ascenso se fijó para las 0400 hrs del siguiente día. A las 2100 hrs todo era silencio dentro del refugio, estabamos descansando. Inesperadamente a las 2200 hrs, una voz que llamaba a Paty me despertó, al levantar la cabeza pude ver una luz que iluminaba directamente hacia el lugar donde Paty dormía. Volvió a llamarla. Paty se incorporó aún dormida y preguntó quién era, se escucho: “soy Rubén, puedes bajar un momento por favor?”. Salí del sleeping colocándome las botas y la chamarra, bajé del tapanco y salí del refugio junto con Paty. Rubén y el Sr. Canchola estaban afuera, y al ver a Paty le dijeron que el grupo de Chihuahua tenía que bajar de inmediato a Tlalchichuca pues la esposa de uno de los muchachos había fallecido. Paty y yo quedamos sorprendidos y sin habla, solo atinamos en voltear a vernos mientras un escalofrío nos recorría el cuerpo, el ruido del aire azotando contra el refugio y las piedras fue lo único que se escuchó. Después de asimilar la noticia, Paty me dijo que bajáramos de inmediato, así que mencionamos que iríamos por las cosas para subirlas al vehículo. El Sr. Canchola nos dijo que únicamente podríamos viajar los pasajeros sin el equipo, pues la camioneta que traía era muy chica y no cabía. Pedimos un momento a solas para ponernos de acuerdo y pensar las cosas. Se me ocurrió que bajaran ellos 4 pues si la noticia fuera para mi, lo más probable es que hubiera llegado a través de Manlio mi cuñado y no de Paty. De esta manera decidimos que bajarían Enrique, el Güero, Fernando y Paty, una vez que supieran concerteza lo ocurrido, llevarían al compañero hasta el Aeropuerto de Puebla en nuestro vehículo, y regresarían por mi y el equipo a Tlalchichuca. Yo me quedaría a recoger y guardar nuestras cosas. Entramos al refugio, despertamos a los muchachos, y se fueron con Canchola al pueblo después de darnos un abrazo y desearnos suerte. Cuando los perdí de vista en la espesa noche, entré al refugio a recostarme, no pude conciliar el sueño pensando en lo sucedido.
o a poco hacia el este el cielo comenzó a arder, con un rojo intenso en su parte más baja. Las montañas más altas alrededor comenzaron a ser víctimas del mismo incendio, brindándonos un espectáculo maravilloso. Hacia el oeste solo podía apreciarse una elevación del volcán que muy seguramente es la parte conocida como “el hombro”, la cual no tardó en incendiarse también. Wow, esa imagen es de las que vale la pena conservar toda la vida pues quizás no se tenga la oportunidad de volver a vivir. El frío apenas era perceptible bajo las capas de ropa que traía encima, el ambiente era inodoro, totalmente limpio y fresco. Solamente se escuchaban las voces de los compañeros que platicaban no sé de que asunto, y el silencio… Nos detuvimos a beber agua, a descansar y a tomar algunas fotos. Continuamos el ascenso hasta la siguiente parada que fue prácticamente donde comenzaba la lengua del glaciar. Las formaciones de hielo que teníamos justo frente a nosotros daban la impresión de ser una cascada fluyendo, de un color blanco intenso. Contrastaba con las rocas que sobresalían, estas sin hielo, y de un color gris metálico. Rubén nos informó que era tiempo de colocarnos los crampones, de guardar bastones y sacar piolet. Eramos 4 las
personas que nunca habíamos utilizado crampones, así que Rubén dedicó un tiempo adicional con nosotros para asegurarse de que estuvieran bien puestos. Mientras nos los
colocábamos, la figura de Victor, nuestro compañero retrasado, apareció con un paso lento, como a 100 m de donde nos encontrábamos. Con él, nuevamente estábamos los 9 montañistas iniciales. Aproximadamente a las 0900 hrs
comenzamos el ascenso sobre el hielo, con una pendiente aproximada de entre 35 y 40°. Subimos lento, aprendiendo a caminar sobre la superficie resbalosa y a utilizar el piolet. Dos horas después llegábamos al pié del glaciar, majestuoso e imponente, parecía un larguísimo tobogán de hielo, el cual terminaba en una formación rocosa llamada “el sarcófago”, y que debía el nombre a que en ese lugar terminaban los cuerpos de los montañistas que caían en el glaciar. Una vez ahí, Rubén nos dijo que habíamos llegado a nuestra cumbre. El reloj marcaba las 1130 hrs y el altímetro indicaba que nos encontrábamos a una altura de 5000 metros. A lo lejos sobre el glaciar, y casi llegando a la cumbre, se veían dos pequeños puntos e
n movimiento que eran montañistas a punto de llegar a los 5700 metros de altitud. Seguramente era el dúo que salió del refugio a las 0100 hrs, esto es, 4 hrs antes que nosotros. Después de comer algo, tomar algunas fotos, y descansar unos minutos contemplando los alrededores, llegó el momento de iniciar el descenso. Rubén tomó la decisión de bajar rodeando una piedra hacia el noreste, para tratar de evitar el hielo. A simple vista parecía que no nos encontraríamos con la lengua del glaciar, pero después de unos 20 minutos, nos topamos con ella. Las pendientes a bajar estaban sumamente pronunciadas, y aunque Rubén parecía caminar como en tierra firme y plana, nosotros tuvimos mucha dificultad para bajar por el hielo. Para ser sincero, en lo particular es lo más peligroso que he hecho en mi vida. Cualquier paso en falso significaba resbalar por esos toboganes una distancia no menor de 200 metros, y solo pararíamos al estrellarnos con los montones de rocas en el fondo. Pienso que en esa distancia seríamos capaces de alcanzar una velocidad de unos 100 km/hr, nuestro cuerpo vs las rocas… Fue cuando le dije textualmente a Rubén: “no la voy a armar”. Lo tenía como a unos 5 metros de distancia y yo era el último en llegar a la zona de rocas en que todos descansaban del hielo. En cuanto dije eso, Rubén comenzó a sacar la cuerda que traía consigo, pidió otros 40 metros que traía alguien más y me pidió los 40 metros que yo traía en la mochila. Además sacó de entre sus cosas una especie
de to
rnillos que se enroscan en el hielo, y por los que sujetó un extremo de la cuerda. Bajó para realizar la misma operación en dos ocasiones más y con ello obtuvimos 120 metros de soga para sujetarnos a ella mientras bajábamos. Una vez que todos logramos descender los 120 metros, Rubén subía nuevamente para quitar los tornillos y las cuerdas, para después colocarlos más abajo. Fueron 3 las ocasiones en que la operación se realizó, acumulando 360 metros de bajada por el hielo, ayudándonos de la cuerda. Esto nos tomó un tiempo de 2 hrs, y solo acumulamos 200 metros verticales de descenso!! Finalmente pudimos salir de la lengua del glaciar a las 1400 hrs, guardamos los crampones y el piolet, sacamos bastones, nos hidratamos y al refugio. Nos tomó aproximadamente 1 ½ hrs llegar a él, pero definitivamente fue mucho menos tiempo del que nos tomó ascender la misma distancia. El Sr. Canchola ya nos esperaba con 2 vehículos para bajar a Tlalchichuca, así que en cuanto llegamos nos pusimos a subir el equipo al transporte. A las 1615 hrs ya estábamos todos dentro de los vehículos y listos para volver a la civilización. Miré por última vez desde el refugio el glaciar y la cumbre, que me despedían con su enorme belleza. Al ir bajando por el móvil, no pude evitar el agradecer al volcán lo bien que nos había tratado, a pesar de no contar con la preparación suficiente para buscar la realización de esta aventura. El logro fue llegar a nuestros primeros 5000 metros, los primeros 5000 de Naora, y al ir cayendo la noche, mientras continuábamos bajando, el volcán nos coqueteaba con sus tonos rojizos para que aceptáramos el reto de regresar a intentarlo, necesariamente con una mejor preparación, sobre todo en el correcto uso de los crampones y el piolet, y una mayor consciencia de lo que ahí nos espera. Cuando
llegamos a la posada del Sr. Canchola, Paty, Fernando y Enrique estaban esperándonos en el patio del inmueble, por lo que se hizo obvio que el Güerito Pacheco había tenido que regresar a Chihuahua por la mala noticia de la noche anterior. Nos dimos un fuerte abrazo y comenzamos a ponernos al tanto de lo sucedido en el volcán y en el pueblo. Sentados en el comedor de la familia Canchola, disfrutamos de
una deliciosa comida caliente acompañada de una copa de vino junto con los que fueron mis compañeros los últimos días, incluyendo a Rubén, nuestro guía. El siguiente día partiríamos rumbo a nuestra querida Chihuahua, no sin antes hacer el compromiso de regresar para tratar de conquistar el glaciar y la cumbre de nuestro nuevo amigo, el Ciltlaltépetl.